Saludo 2012

Después de esta ausencia demasiado prolongada, retomamos el blog, para mantenerlos informados de todas las novedades relacionadas con nuestra editorial.
Acabamos de comenzar una nueva etapa, con un pie en España y el otro, como siempre, en Argentina.
Estamos ilusionados y esperamos a partir de ahora contar con más y más visitas.
Cuando pasen por acá, dejen sus comentarios!
Saludos a todos y hasta pronto.

Próximos Títulos








La vida galante y otros poemas de Osias Stutman

Los Pensamientos



Hay que pensar cosas nuevas
sobre el limpio mundo. Figuras
regulares y definiciones,
nos dicen los copérnicos, ignorando
lo que ordenan todas las reinas
orgullosas o modestas (en Escocia y más allá).

¿Quién es el padre? ¿Quién es el hijo?
Eso preguntan los niños soldados mudos
del imperio, y sólo una mujer morada
escucha mis cantos. Gira. Vive cubierta
por la sombrilla oriental. Cuando la madre
le arranca el vestido, deja de girar.

Es mujer sesgada, de gran mentón
soberbio que nunca sintió lágrimas.
Una línea divide sus cabellos,
negros como las alas, es memoria
de ilusiones, lluvia de guantes
y otras intimidades próximas al cuerpo.

Es la Desaparecida, la que oscila
entre el ahora y el después. Desnuda
con el lujoso sombrero oscuro, marabú
y terciopelo, velour, estilete con perla,
su mano es color del marfil viejo.
Ella nunca vuelve de donde va. Aplasta la uva,

salpica su lenguaje de miradas, Entra y sale de
un cuadro (de Cranach, Lucas, el viejo) armada
de la maldad de esas tres húngaras pintadas. Se adueña
de mi memoria y mi futuro, me maneja, me opera y
me esgrime, me maniobra. Pero es ella una imagen tan
ajena que no puedo pensarla en ningún idioma.

La Violencia



¿Presentar o participar?
¿Sótano infernal o paraíso
eterno en los cielos mirando
al mar? ¿Derecho? ¿Ética?
Ni uno ni otro ni otra ni otros.

Cochin y la costa malabar
se extienden ante mis ojos deslumbrados,
con sus pimientas y los jengibres olorosos.
El apóstol Tomás sucio navegante
va trotando en las sinagogas

perseguido por un Krishna furioso
sangrando de la boca
recordando fiestas de fuego en Benarés
quemando los blancos telares,
mientras se traducían los viejos textos.

Son las inolvidables gotas
y la mas terrible sed
en ese barco navegando lento
como mi ciudad de Buenos Aires
lanzada al mar.

Los Celos

A Antonio Gamoneda

Cincelar línea a línea
(el poema) como una visión.
Ópera desmesurada en su silencio,
con inmovilidad y blanco orden
en cada hoja. Eso es pensar
y no escribir. Es un pensar desterrado.

Los celos me impiden escribir
página a página como en las novelas
sonoras, invadidas de actores
y estratagemas entretenidas.
La populosa novela no es pensar
ni escribir ni escultura rasa. Es relato aparente,

engañoso. Describe momentos efímeros,
horas libres y noches claras, sin celos
cuando huye la mujer de guantes negros
y ojos en forma de trébol y la perla bajo la lengua.
Perdida la memoria la vemos ir y venir,
pero la tentación de llorar su ausencia es grande.


Un Vocabulario Pretencioso



Ninguna palabra existe antes de ser leída.
El texto de palabras no vive.

Este texto no existe como tal, no es ni aire,
necesita los ávidos ojos de lector.

Pero ese lector no es suficiente para que el texto exista,
que no es ni de aire.

El texto miente, miente y aclara pero no describe nada
de lo que vive en este mundo.

Describir no es ver, ni oler, ni sentir, ni escuchar la razón
palpitante y su quebrado conocimiento.

Todo es prestado, menos la manera de decirlo
o el callar.



El Interior o “Las Madres y Las Hijas”

A Ana Becciu



La Reina Madre de patinadoras sobre hielo
húmeda de esfuerzos se acerca a mi lado.
- Cuando me olvido quiero que me recuerdes,
cuajada de sudores, brillando como un pez -

me dice. Pero sólo veo una sinuosa curva
y la basílica desaparece arrastrada por vientos
rufianes de hermoso cuerpo en pose de desgano,
con la luna en cuarto creciente

que es parte del cuerpo (el muslo) de la madre
y de la hija usando ropa interior de hombre.
Ambas son alhajas, "petite bijou des villes" cada una, dos
tenues joyas tonkinesas con cuerpos de la más turbia adolescencia.


Reportaje a Osías Stutman:

Ciencia y literatura

Una entrevista al poeta, realizada por
Mª Cinta Montagut y publicada en

http://www.barcelonareview.com/64/s_ent.html

TBR.- Eres médico especialista en inmunología y un científico reconocido internacionalmente ¿qué es lo que te lleva a escribir poesía?¿te ha servido la poesía para tu trabajo científico?
Lo que me llevó a querer escribir poesía, desde la adolescencia hasta ahora mismo, fue y es una permanente pero vaga preocupación con los límites del lenguaje racional. En la poesía y en los usos del lenguaje místico, encontré lo que con pomposidad juvenil llamé mi vía de conocimiento. Lo de la ciencia en serio viene bastante después cuando descubrí por primera vez la excitación del hallazgo científico. Hacer un descubrimiento científico es un acto creador especial y secreto. Implica que durante un tiempo eres el único dueño de ese secreto y esa es una experiencia inefable. Pero por la estructura funcional de la ciencia sabes que tarde o temprano estas obligado a divulgar ese secreto. Tu secreto debe ser comunicado a todos por medio de una publicación o documento científico para que sea validado y utilizado por otros. La sucesión de descubrimientos crean tu fama, tu renombre. La presentación de un descubrimiento nuevo produce una excitación única y adictiva. Pero también entraña un peligro y es que con cada descubrimiento nuevo te juegas la fama porque si te equivocas pierdes. Como puedes ver, la ciencia (y la poesía) son juegos peligrosos. Pero estas son explicaciones post factum y estoy tratando de explicar aquí y ahora porque hice algo de una cierta manera y no de otra.
Si ahora mismo me preguntas: ¿Por qué escribo poesía? La primera respuesta que me surge es la más simple: Porque me da la gana. Porque es la actividad intelectual que prefiero hacer y usar como método de conocimiento individual y de reafirmación de mi condición de ser humano pensante. A mis estudiantes siempre les decía que la única manera de encontrar algo (en ciencia) es no buscarlo. Pero para que ese “método” funcione se necesita una mente abierta a todo, con mente cerrada no funciona. Uno de los instrumentos básicos para ese buscar sin buscar era y es el uso de la asociación libre de los surrealistas como instrumento creativo (en poesía y ciencia). Por lo tanto la respuesta a la segunda parte de la pregunta, es: Si, me ha servido (la poesía). Y el corolario es que a pesar de usar técnicas y metodologías diferentes hay muchos puntos en común entre la ciencia y la poesía. El poema terminado se parece al descubrimiento científico divulgado pues ambos dependen de otro (el lector) para cobrar existencia propia.

TBR.- Entre tus primeras publicaciones en los años sesenta en Argentina y la publicación en 1997 de <> en Barcelona pasan más de treinta años,¿abandonaste la poesía por la medicina y después la retomaste o siempre estuvo presente en tu trayecto vital?
Creo que cada uno hace lo que puede, de la mejor manera posible. Dejé de escribir poesía en 1965 cuando me expulsaron de la Universidad de Buenos Aires y me fui a trabajar a los Estados Unidos. Allí descubrí que la ciencia era una ocupación creativa que requería “tiempo completo” para hacerla bien. La ciencia es dama tan celosa como la poesía (o la fama). Pero ciencia y poesía tienen una cosa en común: ambas son actividades del pensamiento aunque se manifiestan en productos diferentes. Ambas tienen técnicas específicas y productos reconocibles y ambas tienen una estética que actúa en la generación de esos productos. Cuando terminé el camino iniciático del aprendizaje científico, sentí que era hora de poder a hacer las dos cosas, es decir ser infiel a ambas damas y decidí volver a escribir poesía en los años 90. Ya podía cantar como Josephine Baker: Jeu deux amours... Cuando me jubile de la ciencia en 1998-99 me hice poeta a tiempo completo. Y desde entonces soy poeta full time. Encuentro que “tiempo completo” es palabra justa para describir el uso intencional del tiempo. Para los interesados en las poéticas personales, la primera que he escrito apareció en un blog argentino en febrero de 2008 “lainfanciadelprocedimiento.blopgspot.com” que incluye comentarios sobre mi escribir poesía, que son afines a lo comentado en esta entrevista.

TBR.-En tus primeros años como poeta en tu país natal te relacionaste con figuras como Juan Gelman, Olga Orozco o Alejandra Pizarnik ¿qué dejaron en ti?¿cómo te influyó su amistad?
Contesto puntualmente la primera parte de la pregunta. En el caso de Orozco y Pizarnik esas amistades son memoria personal única y bienhechora. En los 60, con Olga Orozco (y Aldo Pellegrini) trabaje 3 años en una editorial en Buenos Aires (Compañía General Fabril Editora). Con Pizarnik, antes de su viaje a Paris y también a su vuelta, además de hablar mucho, hacíamos visitas a la casa de Antonio Porchia. A Gelman apenas lo conocí, aparecimos juntos en una antología publicada en Buenos Aires en 1961 y muchos años después firmé manifiestos promovidos por Gelman en apoyo de la búsqueda de familiares desaparecidos por la dictadura de Videla.
¿Qué dejaron en mi (los amigos)? ¿Cómo influyeron (los amigos literatos)? Me pides que cuente un viaje largo y complejo. Podría hacer odas a los demás, tanto los que conocí en persona como los que conocí en efigie (o en texto), alabando sus enseñanzas. Tuve y tengo muchos amigos y amigas poetas y también prosistas y también no escritores y músicos y escultores y científicos y hasta cantantes. Es esa familia extendida que se va creando con el tiempo y que en muchos casos es más apreciada que la familia genética. Algunos ya han muerto. ¿Qué me han dado o que me dan aún? Mucho, incontable. Creo que son todo el entramado de amistades, permanentes algunas, efímeras e inolvidables otras, que junto a mi cargamento cultural, forman el tejido del que estamos hechos tanto yo como mi entorno (y lo que escribo). Los amigos me regalan su experiencia, me invitan a inventar, me reconfortan a veces, me irritan otras. La soledad me hace añorarlos y buscarlos. A veces evitarlos. Tendría que hacer odas a los demás, alabando su amistad y sus enseñanzas. Daré un ejemplo. En el prologo de Carlos Edmundo de Ory a las “44 Cuartetas” escrito en 2008 cuenta que durante los muchos años que nos conocemos “la poesía es para ambos un túnel iluminado”.

TBR.- Has vivido en Buenos Aires, Nueva York y Barcelona ¿qué suponen estas tres ciudades para ti como escritor?
Siempre he sido persona de ciudad grande como el Baudelaire de Walter Benjamín. Siempre disfrute también del mar y los paisajes naturales pero sigo siendo un paseante flaneur de deux rives urbano. La ciudad es el lugar de pensar y escribir. En la cuarteta Nº 4 de “44 Cuartetas” (Emboscall, Vic, 2008) digo: “La noche huele a gente escribiendo / y en el Norte piensan en el Sur. / La madurez llega cuando quiere / pero no ayuda y es como una boda continua.” Esa es sensación muy asociada a mi noción de escribir en una ciudad que me envuelve (en Barcelona).
Buenos Aires donde nací, donde recibí mi educación formal y viví 32 años, fue mi primer ombligo del mundo. Nueva York donde viví 28 años fue mi segundo ombligo del mundo y mi lugar de volver a aprender la poesía. Durante un interludio de 6 años (1965 y 1971) en Minneapolis, ciudad periférica, conocí el frío y a John Berryman. En Paris he estado muchas veces, pero ha sido vida de hoteles, inclusive durante una etapa de casi un año en 1956. Paris es también ombligo pero para mí siempre fue lugar de paso. En algún texto que ahora no puedo encontrar, Max Aub dice que de adultos somos lo que nos dio nuestro bachillerato y eso nos marca de por vida y creo que lleva razón. Los ombligos del mundo son lugares únicos que te dan la sensación de habitar un centro vital y de los que se sale periódicamente para siempre volver. Lo del “siempre volver” hay que matizarlo. Mi Buenos Aires de los años 30-60 no existe más. Los cafés literarios (el Florida, el Chamberi, el Bar Moderno) no existen. La librería “Galatea” en la calle Viamonte que vendía libros franceses ha desaparecido. Cuando fui a Buenos Aires en 1983 se había transformado en una panadería francesa de bagettes y croisants. En “Galatea” compre Maldoror y mi primer libro de Artaud. En la librería “Pigmallion” de la calle Corrientes compre mi primer ejemplar de “The Cantos” de Ezra Pound (la edición de Faber & Faber de 1954 con 84 textos), En Buenos Aires en los 60 me regalaron la antología “I Novissimi” de Alfredo Giuliani y luego la perdi. Y en el Nueva York latino de los 80 me entere de los “Nueve Novísimos” de Castellet de 1970 y volví a aprender a Lezama Lima con los neo-barrocos o neo-barrosos locales. Nueva York cambia mucho pero mantiene coordenadas constantes. Barcelona es donde vivo y escribo desde mediados de 1999 y todavía no la conozco bien. Ya había leído a Ramon Lull y Ausias March en Buenos Aires, pero aquí aprendí a leer a Gabriel Ferrater y a J.V. Foix.

TBR.- Me gustaría que me explicaras tu relación con el surrealismo, que se aprecia en las imágenes visionarias de tu poesía, y con los procedimientos poéticos de las vanguardias.
Alrededor de 1955 en Buenos Aires elegí a los surrealistas locales poetas (y pintores) como mis compañeros literarios porque lo que hacían me parecía la obra más inteligente que se escribía en esos momentos. Había algunos grupos organizados (con Aldo Pellegrini, Enrique Molina, Francisco Madiariaga y otros) y los que se podrían llamar usando una terminología muy usada por los periodistas españoles de hoy, poetas de “estética surrealista” como Oliverio Girondo y Olga Orozco (todos ellos en persona) o inclasificables como Vicente Huidobro (en efigie). Me sentía muy a gusto con ellos. Mas a gusto que con los poetas mas formales. Ya mencione antes lo de la “asociación libre” como herramienta de trabajo.

TBR.- Se ha hablado y se habla de la muerte de las vanguardias ¿estás e acuerdo con esa afirmación?
Las cosas que no existen no pueden morir. “Vanguardia” es una noción militar que se ha extendido a otros ámbitos y que la RAE define como “avanzada de un grupo o movimiento artístico” cuando se aplica a esas actividades. Lo que es distinto de lo prevalente es llamado vanguardia por los que se encargan de catalogar cosas que ocurren para poder enseñarlas a sus discípulos y/o para elaborar sus teorías interpretativas favoritas. En estos tiempos de sumisión intelectual es frecuente encontrarse con apelativos variados que definen a grupos de vanguardia o retaguardia en muchos campos, incluyendo las letras. Dentro de la gran uniformidad reinante hay que inventar rasgos diferenciales y utilizarlos como sistemas de clasificación. Los inclasificables quedan fuera de las capillas áulicas. Por suerte hay aun voces poéticas que conservan su orgullosa individualidad y se comportan con libertad individual casi absoluta. Van mis más profundos agradecimientos a ellos.

TBR.- En tu poesía se aprecian dos líneas poéticas muy claras, una discursiva-narrativa y otra metafórico-simbólica. Háblame de esa dualidad.
Preferiría llamar a esas dos vertientes mi poesía narrativa y mi poesía conceptual, porque ambas usan las metáforas libremente. La narrativa cuenta o describe. La conceptual trata de comprender y a veces explicar. Ambas son poesía y pensamiento.

TBR.- En tus poemas aparecen rasgos culturalistas de diversa índole, desde fechas hasta citas literarias en otros idiomas que te acercan en cierto modo por un lado al modernismo y por otro a la obra de poetas como Lezama Lima ¿es esta una manera tuya de conectar con la poesía latinoamericana?
Creo que nunca trate de conectar con nada ni nadie. La pregunta final la contesto con un “no”. Me hubiera gustado poder contestar la mayoría de estas preguntas con un solo monosílabo pero no fue posible. Diría que mi cultura poética se desarrollo en forma anárquica y desordenada. Conocí las hormigas de López Velarde antes que los cisnes de Rubén Darío y tarde 15 años en leer “Paradiso” (en Nueva York) aunque ya conocía bien el imán y los abismos de la poesía de Lezama. Leí a John Donne o Thomas Campion antes que a Garcilaso. Lo de los “otros idiomas” es parte de la vida bilingüe de los exilios. Vives en países donde piensas en un idioma y escribes en otro.
Finalmente, y para contradecir la primera frase de este párrafo, pediría a Eli Tolaretxipi que me escriba a ostutman@hotmail.com.

TBR.-Tu último libro publicado se titula <<44>> ¿cuál es la razón por la que utilizas una forma métrica canónica como antes utilizaste el soneto?
No llamaría “formas métricas canónicas” a mis sonetos o a mis cuartetas, porque no lo son. “Los Sonetos (de Gombrowicz)”, esa plaquette publicada por Café Central en 1997 son un doble engaño porque no son sonetos (son poemas de 14 versos en estrofas de 4,4, 3 y 3) y obviamente, no son de Gombrowicz. Para documentar este engaño y avisar al lector, el título del último soneto del libro es “Verso Libre”.
Mis sonetos no son endecasílabos ni mis cuartetas octosílabas. No cuento sílabas y mis poemas de 14 o 4 versos son de métrica variable, ajustada a mi respiración y a mi emoción al leerlos en voz alta. Los poemas de 14 versos (seudo sonetos, a veces con estrambote) me trajeron una disciplina en el decir, porque sabes que cuando ya estas en el verso 10, sólo te quedan 4 versos más para decir lo que quieres decir. Con la cuarteta ya sabes al inicio que la brevedad es imprescindible. Parafraseando a Cesare Pavese, diría que a veces “Scrivere Stanca” tanto como “Lavorare” y es un trabajo duro.

TBR.- Tienes mucha obra publicada en revistas e inédita ¿piensas publicar con más asiduidad a partir de ahora?

Desde que empecé a escribir poesía siempre soñé tener un promotor o divulgador como Ezra Pound lo fue para lanzar la obra primera de Joyce o Eliot (o Vivaldi ya póstumo). En la vida real no se pedir ni ofrecer y ambas cosas las hago con cierta altanería y sin gracia. En la nota de rechazo de la primera versión de “La Vida Galante” en el 2001, el editor me decía que no podía publicar el libro porque era un editor “contemporáneo” (¿contemporáneo de quien? - me pregunto). Y decidí que no había motivo de tolerar ese tipo de patronazgo. Padezco una timidez adolescente que no es sincrónica con mi edad. Tendría que haber publicado libros más frecuentes y más cortos. Mi ritmo actual de un libro cada 10 años (“Los Fragmentos Personales” en 1998 y “44 Cuartetas” en 2008) es difícil de mantener, los poemas se van acumulando y los libros se transforman en “antologías” sin quererlo. En septiembre (escribo esto a fines de julio) aparecerá en Buenos Aires un nuevo libro llamado “La Vida Galante” con 136 poemas y otro libro (“El Mar de Bohemia” con 95 poemas) espera editor.

Osías Stutman nace en Buenos Aires (1933), donde cursa estudios y se gradúa de médico (1957). Emigra a los Estados Unidos en 1966 forzado por la dictadura militar de Ongania . Vive en Mineapolis y de 1971 a 1999 en Nueva York. Destaca en inmunología básica y publica 235 trabajos científicos en inglés, el último en 2000. Catedrático de la Cornell University y del Memorial Sloan Kettering Cancer Center desde 1971, es emérito desde 1999. Vive en Barcelona desde abril 1999. Empieza a escribir poesía en Buenos Aires y se asocia a los grupos surrealistas (Olga Orozco, Enrique Molina, Francisco Madariaga, Aldo Pellegrini) y frecuenta la casa de Antonio Porchia. Es incluido con 22 poemas en la Antología de Poesía Nueva en la República Argentina (J.C.Martelli, editor, 1961) junto a poetas como Pizarnik y Gelman. En los 90 – 30 años después - vuelve a escribir poesía. Publica su primer nuevo poema en 1992 (RevistaAtlantica de Cádiz), luego Los Sonetos (de Gombrowicz), 14 poemas en plaquette (Café Central, Barcelona 1997) y su primer libro de poesía Los Fragmentos Personales (Olifante, Zaragoza, 1998). Los Fragmentos gano el premio Anthropos de 2005 (jurado presidido por Luis Alberto de Cuenca). En 2006 publica otra plaquette (Ver y Oír, 5 poemas) con Café Central. Entre 1992 y 2007 aparecen 131 poemas sueltos en revistas españolas, argentinas y mexicanas (más algunos en Internet). Su nuevo libro 44 Cuartetas (Emboscall,Vic,2008) fue presentado el 14 de abril de 2008 en el Ateneu de Barcelona. Diario de Poesía (Buenos Aires, Nº 52, 2000) lo “re-descubre” con una “antología” de 35 poemas y una introducción de Daniel García Helder. También traduce y edita en inglés la poesía de Djuna Barnes (Poesía Reunida, Igitur, Montblanc, 2004 y Collected Poems, University of Wisconsin Press, 2005). La Vida Galante con 133 poemas que incluyen “Los Sonetos Completos (de Gombrowicz” – que son 44 - aparecerá en mayo de 2008 (editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires) y otro libro El Mar de Bohemia espera publicación.










Las auroras de otoño, Wallace Stevens



Las auroras de otoño de Wallace Stevens

(traducción y prólogo de Roberto Echavarren)

Las auroras de otoño (dos fragmentos)

I

Aquí es donde vive la serpiente.
Su cabeza está hecha de aire. Bajo su cola de noche
ojos se abren y se fijan en nosotros desde todos los cielos.

¿O es otro sacudón salido del huevo,
otra imagen al fondo de la caverna,
otro incorpóreo para el cuerpo empantanado?

Aquí es donde vive la serpiente. Éste su nido,
estos campos, estos cerros, estas teñidas distancias,
y los pinos sobre y a lo largo y al costado del mar.

Ésta es forma aferrando lo informal,
piel destellando hacia desapariciones deseadas
y el cuerpo de serpiente destellando sin piel.

Ésta es la altura emergente y su base
estas luces puede que alcancen un polo
en la mitad más honda de la medianoche y encuentren la serpiente allí,

en otro nido, el señor del laberinto
de cuerpo y aire y formas e imágenes,
inexorable en posesión de la felicidad.

Éste es su veneno: que ni siquiera creamos
En esto. Sus meditaciones en los helechos,
cuando se movió tan leve para asegurarse del sol

nos volvió no menos asegurados. Vimos en su cabeza,
de cuentas negras sobre la roca, el moteado animal,
el pasto semoviente, el Indio en su claroscuro.

II


Adiós a una idea... Una cabina
vacía en la playa. Es blanca,
como de costumbre, o según

un tema ancestral, o como consecuencia
de un curso infinito. Las flores contra la pared
son blancas, un poco secas, una especie de marca

recordando, tratando de recordar, un blanco
que era diferente, otra cosa, el año pasado
o antes, no el blanco de una tarde que envejece,

sea más fresca o más opaca, sea de nube de invierno
o de cielo de invierno, de horizonte en horizonte.
El viento levanta la arena a través del piso.

Aquí, ser visible es ser blanco,
es ser de blanco sólido, el cumplimiento
de un extremista en un ejercicio...

La estación cambia. El viento frío congela la playa.
sus líneas alargadas se hacen más largas, más vacías,
un oscuro se congrega aunque no se precipita

y la blancura se hace menos vívida en la pared.
El hombre que camina se queda en blanco sobre la arena.
Observa cómo el norte aumenta el cambio siempre,

con sus brillos frígidos, sus barridos rojiazules
y ráfagas de grandes iluminaciones, su verde polar,
el color del hielo y el fuego y la soledad.

La poesia de Wallace Stevens es una poesía de la naturaleza a la manera de Wordsworth. Su emoción proviene de lo emoción irracional, lo intuitiva y del impulso inspirado de un jugador de ajedrez. Es un ejecutor, pero en la medida en que ejecuta, su ego se disuelve en la naturaleza, en los procesos impersonales del cosmos. Deviene un sujeto sin persona. Una montaña, un gigante. Como el último Hölderlin, registra el curso de las estaciones, “las auroras de otoño”, y el movimiento de los astros, la dinámica de un cambio estacional; como en La tempestad de Shakespeare, registra atmósferas, aires. El poema dinamiza el cosmos, a partir de cero. Es un antídoto contra el aburrimiento. El poeta sigue escribiendo para librarse de la poesía que ya escribió. Sólo lo desconocido es interesante. Sólo lo irracional. Que pasa a ser conocido y en esa medida debe ser dejado atrás.
.....El pensamiento es afección, intensidad, es una ola bajo el agua, agua dentro del agua, es “como” la naturaleza, o la naturaleza es “como” el pensamiento, sólo que ese “como” es siempre inadecuado, oscuro, porque deriva de lo invisible y pasa a lo visible y viceversa. Lo invisible se hace visible por relampagueos, chasquidos, ráfagas, movimientos dentro del movimiento:

Piel destellando hacia desapariciones deseadas
y el cuerpo de serpiente destellando sin piel.”

...............................................................................................................................................................





Martín Sánchez - Lluvia púrpura


Lluvia púrpura de Martín Sánchez


El silencio de las aguas turbias

elaborado en nuestro particular ritual
ha llegado
nos convierte en extraños.
Ninguno se atreve a confesar
que su propia quietud y perfume
se han vuelto preferibles.


Me entrego sin pensarlo a esta orgía de fantasmas

llevo una cabellera humeante
lo que haga de aquí en más
será únicamente para sus ojos.
Con algunos mantengo charlas
en las que reivindicamos a nuestros mitos
con otros la cosa se pone intensa
me queman el pecho con agujas
hay uno que pide silencio en penumbras
usa guantes de látex
pestañea mecánicamente
culmina su sesión quirúrgica con un saludo impostado
la mayoría reclama algo, no sé bien qué
¿será reconocimiento o consuelo?




(Contratapa)

......No hará falta que aparezcan dragones en el cielo, ni que estallen bombas radiactivas o que desciendan los marcianos para anunciarlo en algún sofisticado lenguaje binario. A cada minuto, es el fin del mundo. Usted lo intuye, lo sabe o lo está percibiendo ahora mismo, mientras camina una tarde cualquiera por un suburbio bonaerense, hace un calor de locos, un calor que no es normal, y "las chicharras sobre los tilos mal podados/ejecutan sus cuerdas". No hará falta escuchar a los charlatanes en la plaza, o que se detenga, de pronto, el tren en el que viaja hacia su trabajo y venga una patrulla biológica a colocarle las esposas. Esto no es, aunque lo parezca, una alucinación de William S. Burroughs. Sienta el olor del combustible pegado a su cuerpo, imagine que una central eléctrica zumba toda la noche dentro de su cabeza y que arcaicos tubos de neón le susurran mensajes amorosos al oído. Luego, "en lo baños / como en un matadero / las bestias de la intimidad huelen / desde afuera el martirio/ la amenaza."
.
......La poesía no puede contener ni— mucho menos— precipitar el fin del mundo. Puede, apenas, encender una pequeña llama y alumbrar las cosas que nos rodean. Puede, en todo caso, acuñar la pérdida. "Aquellos / que fueron lo mejor y lo peor / sirven para escribir poemas" dice Martín Sánchez. En este sentido, Lluvia púrpura no es para nada otra cháchara sobre el Apocalipsis. Más bien todo lo contrario. En la huella quizás de los cronistas del crepúsculo como Philip Larkin o Joaquín Gianuzzi, los poemas que componen este libro —amargo y lúcido— son, a su manera, una pequeña llama que alumbra, oblicuamente, la época despiadada que nos ha tocado vivir.

Silvana Proto - Hambre de estrellas



Hambre de estrellas de Silvana Proto


Frente al río, en las

gotas del ocaso
quedan algunos veleros
sobre el agua color celeste
mientras las chicas rascan
el fondo del tarro
y se alimentan.



Abismo

o punto cero del infinito
parte inicial de los días
y junto con el abismo
las galaxias
y la luna y el sol
y el fuego
y la sirena de aquél tren.



Para el hambre de estrellas

fue noche
fuego
en cielo helado
telón sin acto.




(Contratapa)


......Hay una niña, secreta y sin edad, que contempla el mundo y luego lo lleva, como una hormiga transportaría un árbol, hojita por hojita, hasta su cuaderno de escritura. Y lo más curioso de todo: sin el menor deseo de posesión que pudiera empañar o ensombrecer su tarea. Celebración sin énfasis. Diminutos rayos catalizadores que unen todo con todo. La poesía de Silvana Proto parece adentrarse en ese tiempo fuera del tiempo; espacio fuera del espacio, donde la inestabilidad y la seducción del mundo conversan, amablemente, de sus cosas. Y de fondo, siempre, ese Hambre de estrellas que recorre, cada una de las páginas de esta bitácora extremadamente personal, convertida, de pronto, ante nuestros ojos, en un libro de poemas. Notas ingenuas, casuales, ocupadas tan sólo en fijar algún destello, sea a través del movimiento imperceptible de los médanos, el monólogo de un ciempiés, la observación de veleros, caninos, flores; o deteniéndose en esa "media naranja" que, sentada sobre la frutera, expone sus "llamaradas (...) / de media tarde en / brazos de una mariposa"...

.

......Nada, absolutamente nada que sea tocado por esta poesía hedonista y lúdica se vuelve opaco o cae bajo los efectos de alguna convención. Por el contrario, al igual que los girasoles, los poemas de este asombroso libro "giran, giran / sin cesar / (...) entre flores y plantas y yuyos / silvestres". Pero también en convivencia con "los rayos luminosos / de alguna lejana galaxia", donde "líneas fugaces que se mueven / al compás del tiempo / desde el amanecer hasta la madrugada / nos espían".


Guillermo Dávila - El puente y otros poemas


El yesquero

'
ebrio de rayos
por estar primero
tornasoles retorcidos
tras la bruma
apiladas astillas
de un yesquero
salpicando chispas
sobre el antiguo mapa
del tesoro


gotas
.

guardan recuerdos
de la tarde lluviosa
calladas
se sumergen
en la noche profunda
sobre un telón
de terciopelo negro
mis manos
entre gardenias resplandecientes

'''

(Contratapa)

.....Rara, hierática, la belleza de estos puentes que cruzan, de un extremo al otro, la poesía de Guillermo Dávila. Sobre todo por la cualidad de esos pilares que se materializan, no sólo en el espacio sino en el tiempo, y que permiten un ida y vuelta de lugares y situaciones que la memoria, como una caja de resonancias, atesora. Y lo hace con el puro efecto de esos dos elementos, sin duda básicos, de la poesía: la metonimia y el ritmo. Ese minúsculo punto que al desplazarse contiene en sí mismo, en cada uno de sus fragmentos, la totalidad. Cada palabra es convocada por el poema con ese único fin: alumbrar un instante, detener el tiempo y sustraerle, con una suerte de gubia mágica, la forma que le daba sentido a este mundo.
.....Lo cierto es que todo, en la poesía de Guillermo Dávila, resplandece. No sólo las “apiladas astillas / de un yesquero / salpicando chispas / sobre el antiguo mapa del tesoro”, sino también la noche, los amaneceres, el faro que atestigua las tormentas en alta mar y que, tras un breve giro, se convierte en el farol que alumbra (acaso con la misma fuerza semántica) la calle de siempre, junto a la ventana. O un paisaje fabril, con sus vapores y sus alcantarillas, o “las piedras / de una playa inhóspita (...) / que guardan ciertos parecidos / con el temblor del lucero”. O la luz de un relámpago polvoriento, acompañando la caída de los primeros goterones sobre el zanjón. En todo caso, lo que consigue El puente… es transitar ese espacio invisible que une, con la economía y la velocidad del rayo, la fugacidad y la persistencia de un tiempo que se balancea —apenas suspendido— entre el olvido y la memoria.