23 de mayo de 2007

Huesos de Jibia (proyecto)

Como el calamar, el pulpo o el argonauta, la "jibia" ( sepia offcinallis) es un tipo de molusco que pertenece a la familia de los cefalópodos. Tiene un cuerpo alargado u ovoide, con repliegues natatorios en la piel; cabeza grande y bien diferenciada del cuerpo; ojos redondos de mirada fija; boca formada por dos mandíbulas córneas, parecidas al pico de un ave de rapiña, rodeada de tentáculos provistos con ventosas de una extraordinaria fuerza muscular. Posee un saco que expele una tinta negra, ligeramente rojiza, que sirve para enturbiar el agua cuando el animal se siente amenazado. Además, tiene un pieza caliza o "hueso" central —muy rico en calcio—parecido a la punta de una flecha o la suela de una zapatilla, que suele usarse para afilar el pico de canarios, loros y otras aves ornamentales.
Según escribe Ricardo H. Herrera en el prólogo a su traducción de Montale, el enunciado ossi di seppia " en principio, apela a una dimensión doméstica, ya que la seppia es en Italia un molusco comestible tan conocido como lo es entre nosotros el calamar; luego la paradoja de llamar "hueso" a algo que es flexible y traslúcido como una pluma cartilaginosa, para nada óseo (reveladora paradoja que se pierde en castellano, porque la palabra "jibia" remite al lector directamente al diccionario, ya que para la imaginación de quien lo ignora, el vocablo sugiere una alusión a un animal antediluviano provisto de una abultada joroba, sin la menor relación con la gastronomía doméstica)". También la expresión puede pensarse como una metáfora de la poesía misma, entendida no sólo como una actividad creadora del lenguaje sino como una condición de la existencia, tal y como lo dice el propio Montale en "Riberas": "Oh entonces zarandeados/como un hueso de jibia por las olas,/ desvanecerse poco a poco,/volverse un árbol arrugado o una piedra…"
A medio camino de la leyenda y la realidad, la poesía es hoy en día un animal familiar y antiquísimo para esa "inmensa minoría" (según palabras de Juan Ramón Jiménez) que son sus lectores. Como la "jibia gigante" que quitaba el sueño a los marineros, la poesía yace en lo más profundo del océano, asediada por tiburones y densos cardúmenes fosforescentes. En la era de la "modernidad líquida", donde todo se diluye bajo el sigo cambiante del libre mercado, hay pues que bucear muy hondo —entre las callosas grietas de la oferta cultural— para encontrase cara a cara con este "náufrago viviente".
Huesos de jibia es un sello editorial independiente que quiere favorecer la difusión de un material literario "raro" o excluido de los grandes lobbys, en ediciones artesanales, económicamente asequibles y con un llamativo diseño a nivel gráfico. El catálogo se abre con un homenaje a Eugenio Montale en una traducción de Ricardo H. Herrera que presenta una serie orgánica de veintidós poemas (los ossi di seppia propiamente dichos) que constituyen el capítulo medular del libro homónimo del conocido poeta italiano. El segundo cuaderno de la colección es Máquina de trinar. Los próximos títulos de Huesos de jibia que se estarán lanzando septiembre del 2008 son, entre otros: La vida galante y otros poemas de Osías Stutman, Las auroras de otoño de Wallace Stevens (traducción de Roberto Echavarren), Late de Pablo Queralt, El hotel de la danza de Violeta Cangianelli y Pensó que ya lo sabía de Laura Petrecca.

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