19 de agosto de 2007

Eugenio Montale - Huesos de Jibia




Huesos de jibia
Eugenio Montale
traducción y prólogo:
Ricardo Herrera




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Upupa, alegre pájaro afrentado
por los poetas, que agitas tu cresta
sobre el palo alto del gallinero
retando al viento como un falso gallo;
Nuncio primaveral, upupa,
con tu presencia el tiempo se detiene,
ya no muere el invierno,
todo tiende hacia afuera
en cuanto zarandeas tu cabeza,
alígero chiflado, y tú lo ignoras.





Comentario: por Dario Rojo
Ñ.25 / 2.6.2007
Vida interior
Italia es quizás el únicos paí donde se imprimen elegantes y lujosas ediciones de obras de poetas extranjeros aún vivos… “Al señalar esto en 1961, es muy probable que Eugenio Montale (1896-1981) se haya equivocado. Pero esta afirmación extrañamente puntualiza lo que ocurre en la Argentina, en donde la mayoría de las editoriales (más allá de la calidad de la edición y del estado de salud del poeta) estiman impropia semejante tarea por razones que posiblemente excedan las estrictamente mercantiles. Obviamente existen las excepciones, y esta es una de ellas. Huesos de jibia es una serie de 22 poemas que forma parte del libro del mismo nombre (ossi de seppia), publicado en 1925, que en esta ocasión ha sido traducido y prologado por Ricardo Herrera. Quien mediante un singular despego por lo literal, encuentra su valor regente en cierta musicalidad, que en algunas ocasiones desdibuja el original para establecer, en una cadencia incluso más tersa que la que emana del italiano, una considerable distancia respecto a traducciones anteriores.
Esta música que igualmente puede sonar agradable al oído y a la inteligencia, permite percibir de qué manera en Montale, como en un paciente que bajo químicos nunca alcanza picos de alegría o decepción, conviven lo prodigioso y lo terrible. Y, en esta paridad, los elementos sin limitarse a la esfera finita de la escena ni al discurrir despreocupado de la lítica, se van filtrando mutuamente sin necesidad de neutralizarse.
Estos poemas, que parecerían anclarse en la perplejidad de la existencia-“el argumento de mi poesía) es la condición humana considerada en si misma”- aún ahora reformulan lo cotidiano, aglutinando lo disperso mediante la calidez de una voz cercana al registro menos evidente de lo íntimo, en donde el poeta, en sus propias palabras, es “ aquel que trabaja su poema como un objeto, acumulando en éste, instintivamente, sentimientos y significados, conciliando lo inconciliable, hasta convertirlo en el más firme, irrepetible y definido correlato de la vida interior”

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