19 de agosto de 2007

Osvaldo Bossi - Del coyote al correcaminos



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Del coyote al correcaminos de Osvaldo Bossi .
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II
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Antes
no sabía bien
por qué sucedían las cosas.
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Pensaba en su bello plumón
y esa sola verdad
hería mi sangre
y me atormentaba.
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Ahora no puedo seguir
al margen de Sigmund Freud
y ciertas palabras me queman.
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III

El galpón que ven allí
estaba saturado de explosivos
y trampas
marca ACME
para aniquilarlo.
Mi urgencia por tomar
el bocado prohibido
suscitó la idea del crimen
¿o fue al revés?

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(comentarios)

En una primera lectura, Del coyote al correcaminos se proyecta desde el fondo de aquellas imágenes en blanco y negro grabadas a fuego en el cristalino de nuestra infancia. Al leerlo, evocamos de inmediato uno de esos prehistóricos armatostes de TV —con su granulado espeso, sus vaivenes de temperatura y su señal entrecortada y lluviosa—, sólo que cumpliendo en silencio con el humilde rol de mecanógrafo de la intuición poética. Porque, si la pantalla se anima es para refractarse, en todo caso, en la miopía de ese chico que la confunde con el deseo escrito en su piel; para confesarnos—con Odyseas Elytis—“mi único pecado era tener también yo un amor”, y luego trasmutar los gags y cuadros del popular cartoon en el telón de fondo de la propia autobiografía.
(Del Prólogo: Walter Cassara)
Sensibilidad marca Acme
" Del coyote al correcaminos ", por Osvaldo Bossi, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2007, 71 páginas.
"Los poemas de amor que el Coyote le escribió al Correcaminos" así se titula la primera sección de la serie de cuatro que componen este libro largamente postergado de Osvaldo Bossi (escrito en los ‘80). Son como brevísimas cartas que aquel eterno perseguidor defraudado le envía al escurridizo objeto de sus deseos. El famoso dibujito de la Warner Bros no es sometido en los versos del autor de Fiel a un sombra a las reglas del homenaje o la parodia. Lo que hace Bossi es mucho más sutil. Toma las dos figuras emblemáticas y las eleva a la potencia de una relación amorosa imposible. Relee la historieta animada en clave de historia personal.
El resultado es una transfiguración: las ridículas acciones del coyote, que siempre era víctima de sus propias trampas letales, se vuelven manifestaciones de un amor que excede toda medida y por eso mismo aparece investido de un aura de nostalgia del presente. Aquí y ahora está lo que nunca podrá poseer. Y esa ausencia es un reflejo también. "Mi único deseo es despertar/ y ser el Correcaminos./ Quiero mirarme/ como él me ve". En la sección "Batipoemas" la distancia con los personajes de la serie televisiva es mayor y está marcada toda por la evocación. En "Útiles escolares" y "Piezas sueltas", Bossi construye con mínimos elementos cotidianos una trampa sensible para sí mismo. "Con tinta China y plumín/ traté de transportar/ a mi corazón/ las letras de tu nombre/ el mapa recio/ de tu identidad, pero fracasé./ Nunca pude calcar/ ni una mísera rosa".
Carlos SchillingDe nuestra Redaccióncschilling@lavozdelinterior.com.ar




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“Como quien se decide a pagar una vieja deuda o cumplir con una asignatura pendiente, Osvaldo Bossi publica, casi veinte años después de haber sido escrito, su primer libro. El texto es menos un homenaje a las criaturas que evoca en el título, o a la pareja más famosa de Ciudad Gótica, presente en una sección del libro, que a la inscripción en el registro poético de un cisma en la experiencia de quien escribe.

Al decir “del coyote al correcaminos” el poeta enuncia tanto una ofrenda como una imposiblidad, a la vez que señala el abismo que se abre entre las partes, como si Bossi suscribiera al verso de Marechal: “con el número dos, nace la pena”. Bajo las apariencias del cartton, estos poemas rezuman la belleza –y la tristeza- que el amor prodiga a los amantes. Y a quienes lo escriben. “

Sandro Barrela,
La Nación, adn cultura, 6 de octubre de 2007.


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Osvaldo querido: como verás, me tomé mi tiempo para hablarte de tu último libro, que ya leí dos veces. Es difícil decir algo después del prólogo genial de Walter. Así que lo que diga va a ser como una nota al pie de su texto. Creo que todo el libro puede leerse bajo el trasfondo del aforismo 94 de Nietzsche de Más allá del bien y del mal, que siempre cito en mis clases y al que Walter también alude: "Madurez del varón: significa haber reencontrado la seriedad que de niño se tenía al jugar". Cada poema se reencuentra con esa seriedad que de niño poníamos al jugar, o con la seriedad que rodeaba la constelación simbólica de la niñez (el coyote, el correcaminos, Batman y Robin, la densidad ontológica de nuestra relación con los útiles escolares, etc.). Porque es justamente en la recuperación de esa dimensión lúdica e infantil en torno al amor y al deseo donde reside la madurez del hombre. Y la del libro. Como si dijeras: esta es para mí la esencia del juego poético. O la forma más madura de mirar y estar en el mundo. Dialéctica entre madurez y niñez cristalizada en ese verso hermoso: Quiero mirarme / como el me ve.

En fin, este libro confirma, como seguramente ya te habrán dicho, la tesis bíblica de que en el principio está el todo.
Me encantó.
Un abrazo grande, Lucas Soares
(7 de noviembre de 2007)

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Poemas de amores prohibidos

Del coyote al Correcaminos, la última publicación del poeta Osvaldo Bossi trae a la mente la colección de epístolas poéticas conocidas bajo el nombre de Heroidas, creadas en el año I de nuestra era, aproximadamente, por el poeta latino Ovidio, en las que míticas mujeres escriben desesperadas cartas de amor y despecho a sus míticos amantes y / o maridos. “Los poemas de amor que el coyote le escribió al correcaminos” recuerdan algo de aquella obra clásica, especialmente en la resemantización de la historia del deseo ligada al odio (no en vano Catulo afirmaba en su famoso epigrama 85 “odi et amo”, “te odio pero te deseo”). Y las comparaciones con estos poetas no son ociosas, tampoco aquí se sabrá si el texto es cómico o serio. Tanto en la poesía como en el amor las cosas no son tan maniqueas. Mientras algunos poetas siempre escriben el mismo poema, Bossi, en cambio, ha transformado su escritura, y él es ya otro poeta.

En la primera parte del libro, el archiconocido personaje de caricatura infantil, el Coyote, le escribe hermosos poemas de amor a quien debería ser su presa natural., el Correcaminos. Es esta la expresión desgarradora y literal de la metáfora del amor / pasión hecho carne, en este caso en particular, el deseo por algo diferente a sí mismo, que se convierte en cacería (“mi urgencia por tomar / el bocado prohibido / suscitó la idea del crimen / ¿o fue al revés?).

La cursilería amatoria de un pop natural y no impostado es su estilo, mediante una mirada estrábica que el registro visual le presta al poético (“una bomba de tiempo / instalada en mi corazón”), sumado a un elevado registro lírico íntimo (“Me he preparado una buena sopa /porque ha llegado el invierno / y tengo frío. / La cuchara me pesa / y en mis labios, la misma / antigua palabra de amor / se desmorona”). La originalidad de la idea rectora desconcierta y atrae, parece mentira que en estos poemas hablen dibujitos animados. A través de estas nuevas mitologías, Bossi explora seriamente no tanto la homosexualidad de estos personajes infantiles, sino el deseo homosexual de niño hermanándose con ellos (“esta extraña fascinación / y caída / por lo imposible”).

En la segunda parte de Del coyote al correcaminos, será el turno de otra dupla amorosa subrepticia, Batman y Robin. “una impensable leyenda de amor”, épicos héroes modernos de aventuras como los espartanos Aquiles y Patroclo”. Aquí se hace presente, de forma romántica, toda la agenda gay contemporánea, como por ejemplo la visibilidad (“Ciudad Gótica / los veneró / siempre y cuando ocultaran / sus familiares identidades / bajo antifaces y capuchas”) o la salida de closet (“Ellos un día / se cansaron de irrealidad”). La lectura sacrosanta del cómic heterosexual será descuartizada hacia lo gay como rebeldía y absoluta irreverencia (“¿Hasta cuándo /deberán seguir pagando / el precio de su amor?”). El niño que habita este yo lírico juega un juego oculto que narra la intimidad homoerótica de la épica ficcional contemporánea.

El deseo circula en la infancia o en el recuerdo de cómo esa infancia procesa el deseo (prohibido). En palabras del editor de esta colección, Walter Cassara, estos personajes cargan con las mismas obsesiones “que el poeta y el enamorado: andar corriendo detrás de un objeto imaginario en la aridez del desierto”.

La paideia que fomentó el homoerotismo de Grecia ha cambiado: el amor (entre varones, y niños) a veces sigue pareciendo tan imposible como el de un coyote con un correcaminos.
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Leonor Silvestri, Clarín, Revista de Cultura Ñ, 31-5-2008
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Tierno, altanero, viril: este libro se alza desde el sitio de la diferencia. Osvaldo Bossi desciende al umbral de su infancia y construye, con los residuos de una mitología televisiva, vuelta popular por la recreación de múltiples lecturas, un libro de amor. Teje y asume a sus héroes desde el revés de la trama visible, cargando sus rostros de una dulce humanidad que tritura los paradigmas de cartón prensado.
Estos poemas no piden disculpa. Celebran, desde la fiesta y el dolor. Por momentos parecen rozar el melodrama, pero se escapan a tiempo con una vuelta de tuerca casi epigramática, donde ironía e impulso lírico trabajan juntos, haciendo del basurero o del lugar común una imaginería verbal que encarna emociones resplandecientes.
Cribados por la poética del rock and roll, los mejores poemas de este libro toman por asalto las distintas retóricas disponibles con una voz original, audaz, hablada desde el cuerpo que demanda al yo que lo historiza, para dar cuenta del deseo y de los límites franqueables que lo enceldan.
Poemas también escritos para seducir al mundo.
(...)
La memoria recorta situaciones y objetos que vuelve a signar en el seno de una estructura narrativa consciente. Allí el balbuceo frenético que atenta contra la ley del lenguaje se organiza, volviéndolo cuerpo y no cadáver reproductor de una experiencia previa.

Diana Bellessi
agosto de 1988


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