5 de julio de 2008

Entrevista

De nuestra Redacción
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El nombre de Walter Cassara se asocia a la poesía, a la crítica y en menor medida a la narrativa. Ha publicado cuatro libros de poemas (entre ellos Juegos apolíneos y El paseo del ciclista), y sus comentarios aparecieron en diarios como Página 12 y La Nación y en revistas como Diario de Poesía y Hablar de Poesía. Pero desde fines del año pasado también hay que vincular su nombre a un proyecto editorial: Huesos de Jibia. Se trata de un sello de poesía, con ediciones cuidadas, en el que conviven traducciones, autores argentinos más o menos conocidos y noveles. Cassara presentará mañana a las 21 su colección en la ciudad de Córdoba, acompañado por los poetas Gustavo Gottfried, Mariana Suozzo, Paula Oyárzabal y Beatriz Vignoli . La cita es en la Librería del Ciclista de DocumentA/Escénicas (Lima 364). En un intercambio de correos electrónicos, Cassara cuenta que la idea de la editorial surgió de a poco, por partes, acaso como una decantación involuntaria o un accidente de su propia experiencia como lector de poesía. "Se fue organizando a partir de eso: del acto puramente empírico que es la lectura, y de la aproximación de mis gustos personales con el gusto de la época, más lo que ha quedado forzosamente al margen de ella". De ese modo se fue armando un modesto plan de edición: "Publicar traducciones en versiones cuidadas junto a autores locales inéditos o con algunos títulos ya publicados". La idea es articular el pasado y el presente, subrayar una continuidad en el tiempo que, según Cassara, se había dejado un poco de lado en las dos últimas décadas. "No hace falta decir que la traducción y la escritura están, desde siempre, íntimamente ligadas en la historia de la poesía. Sería una injusticia o un grave desacierto no preguntarse lo que hicieron antes otros poetas", señala. Cassara asegura que en Huesos de Jibia trata de sostener un criterio con la mayor amplitud estética posible. "Aunque tengo, como todo el mundo, mis preferencias, no estoy interesado en preservar ningún ‘patrimonio’ ni tampoco en favorecer tal o cual programa poético". Piensa que en "poesía, como en todas la cosas, las preferencias personales muchas veces vienen impuestas por el contexto y son un estorbo en esa libertad de acción que un editor necesita –y ni qué hablar de un escrito– para madurar su proyecto". "Opino con Auden que el signo más evidente de que una persona ha adquirido realmente un gusto propio es su inseguridad", dice. Y completa: "En este sentido, con Huesos de Jibia me vi obligado a dudar de todo y a repasar de nuevo, desde cero, lo que yo sabía o creía saber acerca de la poesía". La edición y la crítica. La editorial se financia con el aporte cooperativo de los autores y los colaboradores. Algunos participan con su dinero, otros con su trabajo y otros aportan su experiencia y su prestigio. No descartan en el futuro la ayuda de organismos estatales o privados que puedan estar interesados en el proyecto. "Editar poesía no es un negocio rentable para nadie. A lo sumo, uno puede aspirar a modificar aunque sea un poco esa conciencia utilitaria con que se maneja el mercado editorial, relegando a la poesía a un triste papel de paria cultural, cuando debiera ser exactamente lo contrario". –Sos un poeta con una mirada crítica fuerte, ¿la editorial es algo así como el brazo armado de tus opiniones estéticas o es un espacio para poéticas diversas? –Creo que la función de un crítico y la de un editor son completamente distintas, por no decir opuestas. Por una simple cuestión de honestidad con el lector y consigo mismo, un crítico (sea poeta o no) se ve en la necesidad de decir lo que piensa, ya que de otra manera perdería credibilidad y estaría atentando contra su propio trabajo. Un crítico es al fin y al cabo un árbitro, y lo propio de un árbitro es esgrimir las reglas del juego y hacer sonar el silbato. Un editor en cambio puede prescindir del juicio valorativo de la obra, ya que tiene otras responsabilidades y otras decisiones más perentorias que tomar, y está además forzosamente comprometido con el material que publica.

Carlos Schilling

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