14 de julio de 2008

Martín Sánchez - Lluvia púrpura


Lluvia púrpura de Martín Sánchez


El silencio de las aguas turbias

elaborado en nuestro particular ritual
ha llegado
nos convierte en extraños.
Ninguno se atreve a confesar
que su propia quietud y perfume
se han vuelto preferibles.


Me entrego sin pensarlo a esta orgía de fantasmas

llevo una cabellera humeante
lo que haga de aquí en más
será únicamente para sus ojos.
Con algunos mantengo charlas
en las que reivindicamos a nuestros mitos
con otros la cosa se pone intensa
me queman el pecho con agujas
hay uno que pide silencio en penumbras
usa guantes de látex
pestañea mecánicamente
culmina su sesión quirúrgica con un saludo impostado
la mayoría reclama algo, no sé bien qué
¿será reconocimiento o consuelo?




(Contratapa)

......No hará falta que aparezcan dragones en el cielo, ni que estallen bombas radiactivas o que desciendan los marcianos para anunciarlo en algún sofisticado lenguaje binario. A cada minuto, es el fin del mundo. Usted lo intuye, lo sabe o lo está percibiendo ahora mismo, mientras camina una tarde cualquiera por un suburbio bonaerense, hace un calor de locos, un calor que no es normal, y "las chicharras sobre los tilos mal podados/ejecutan sus cuerdas". No hará falta escuchar a los charlatanes en la plaza, o que se detenga, de pronto, el tren en el que viaja hacia su trabajo y venga una patrulla biológica a colocarle las esposas. Esto no es, aunque lo parezca, una alucinación de William S. Burroughs. Sienta el olor del combustible pegado a su cuerpo, imagine que una central eléctrica zumba toda la noche dentro de su cabeza y que arcaicos tubos de neón le susurran mensajes amorosos al oído. Luego, "en lo baños / como en un matadero / las bestias de la intimidad huelen / desde afuera el martirio/ la amenaza."
.
......La poesía no puede contener ni— mucho menos— precipitar el fin del mundo. Puede, apenas, encender una pequeña llama y alumbrar las cosas que nos rodean. Puede, en todo caso, acuñar la pérdida. "Aquellos / que fueron lo mejor y lo peor / sirven para escribir poemas" dice Martín Sánchez. En este sentido, Lluvia púrpura no es para nada otra cháchara sobre el Apocalipsis. Más bien todo lo contrario. En la huella quizás de los cronistas del crepúsculo como Philip Larkin o Joaquín Gianuzzi, los poemas que componen este libro —amargo y lúcido— son, a su manera, una pequeña llama que alumbra, oblicuamente, la época despiadada que nos ha tocado vivir.

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