19 de abril de 2012

AUTORES: Carmen Iriondo, un refugio en el nombre propio

Carmen Iriondo ha publicado en esta casa dos de sus libros de poesía: Llamando al picaflor por su nombre de pila (2009) y Syl & Ted (2010, edición bilingüe, versión en inglés de Rolando Costa Picazo).

Le hemos pedido algo inédito para este blog, y nos ha "regalado" un poema de reciente producción:


ANA NO QUIERE COMER


La encontramos con un centímetro en las manos,
lombriz solitaria, midiendo un muslo con atención
carnívora en estupor ni bien fue descubierta.

Balbuceó acerca de un ruiseñor, una página web
y las redes de cables entre bichos tecnológicos.
Son abismales, le decimos, esas marañas del miedo.

Ella empuja lento y disimula la balanza prohibida
debajo del estante repleto de ordenados libros.

Se deja morir de sed con plumas de pavoneo
del último velo. Cambia su pellejo cuarteado
por chatear con el hambre.

Trémula, loca, se pone de pie y bascula su equilibrio:
un sismito inocente la recorre y nos despide
su espalda, el dorso de la muerte atravesada
por sus omóplatos con puntas de alabastro.

A continuación copiamos un fragmento del texto escrito por Rolando Costa Picazo para la presentación en Buenos Aires de Syl & Ted, y posteriormente publicado en el Diario "El Litoral", de Santa Fé.


Refiriéndose a la traducción de las Rubaiyat de Omar Khayyam por Edward Fitzgerald, que en realidad es una versión libre, o lo que Dryden llamaba “imitación”, Borges dice que “toda colaboración es misteriosa”. Lo mismo podría decirse del presente libro, en que Carmen Iriondo y yo colaboramos por hilos invisibles para pergeñar este texto bilingüe. Iriondo partió de la lectura de la poesía de Sylvia Plath (1932-1963) y Ted Hughes (1930-1998), y su ardua relación de amor y celos, para crear este triunfo de colaboración poética, porque sabemos que la literatura no nace de la nada. Nace en parte de este nuestro penoso existir, pero sobre todo nace de otra literatura, de otras lecturas, de una misteriosa formación quizá geológica en que se van superponiendo estratos, emociones, atracciones, embrujos y enamoramientos. Ella leyó a los poetas y se impregnó de ellos y de su endemoniada relación, y todo eso la fue invadiendo y dejando rastros que pugnaban por nacer de una nueva forma. Esa fue la primera colaboración, una colaboración a distancia en el espacio y el tiempo, con dos autores muertos, quizá mediante el contacto de una ouija board. Ella no lo sabría en el plano consciente, pero Sylvia y Ted la estaban habitando, y de la alquimia de la poesía fue naciendo este libro.
Nuestra colaboración, entre Iriondo y yo, también fue a la distancia. Ella me entregó el texto, y ni bien lo tuve supe que me poseería. La traducción también es una colaboración extraña. Sucede, o no. La traducción que funciona es una posesión, en que el traductor trabaja sin darse cuenta de que lo hace, porque las equivalencias surgen, la música, la armonía, se dan, como por encanto. Me interesó Ted Hughes por otra razón que nos hacía compatibles. Últimamente, con la honrosa excepción del libro de Carmen Iriondo, he traducido sólo clásicos de mi propia elección: Shakespeare, Poe, Melville. Y Ted era un traductor que pasó sus últimos meses traduciendo la Fedra de Racine, esa obra teatral que alguien alguna vez describió como “una cámara de tortura del espíritu”. Fue trocando los trabajosos pareados alejandrinos del francés en un ágil y británico verso libre que maravilla y emociona hasta llegar a esas palabras de Teseo, hacia el final: “El favor de los dioses me aterroriza”.
Sylvia Plath y Ted Hughes se casaron a los cinco meses de conocerse. Ella se dio cuenta al verlo de que era el hombre que había estado esperando, que había estado soñando en la sangre. Iriondo se refiere a ese misterioso, apasionado encuentro, que describe Syl en su diario. Toda la relación de los dos poetas está en el poema de Iriondo, con notas en que documenta lo que dice. Escribe sobre el “rústico amor que comenzó con / tarascones en la mejilla rosa”. Y explica en la nota al pie de la página:
Syl y Ted se conocieron en una fiesta que se realizó con motivo de la presentación de una revista literaria llamada St. Botolph’s y se sintieron súbitamente atraídos. Protagonizaron un encuentro pasional que está relatado en el diario de Sylvia, a pesar de las omisiones que efectuara Ted al autorizar su publicación: “Y cuando me besó en la nuca, lo mordí largo y profundo en la mejilla, y cuando salimos de la habitación, la sangre le corría por la cara...” (Omisión) “Y yo grité por dentro, pensando: oh, entregarme estrellándome, peleándome, a ti”.
Se casaron el 16 de junio de 1956, Bloomsday, el día en que se desarrolla el Ulises de Joyce. Es que vivieron la literatura con apasionamiento. Hacia el final de su
vida, Sylvia alquiló en Londres la casa donde había vivido un tiempo el poeta Yeats, el más grande del siglo XX, al menos de la primera mitad. Era una casa con una placa que decía: “Aquí vivió William Butler Yeats” (cuando escribió “The Lake Isle of Innisfree”). Ella lo tomó como un augurio de futura creatividad, lo que no se condice con su cercano suicidio, sobre todo porque firmó un contrato de alquiler por cinco años. Algo que dijo Yeats podría aplicarse a Syl: “De nuestras peleas con los demás, hacemos guerra; de nuestra pelea con nosotros mismos, poesía”. Iriondo hace una referencia a “la casa de Yeats, que no pudo salvarte”.


ALGUNOS ENLACES RELACIONADOS
Web de la autora: http://www.carmeniriondo.com.ar/

Dónde comprar sus libros:
http://www.librerianorte.com.ar/9789871586103/Llamando+Al+Picaflor+Por+El+Nombre+De+Pila/


http://www.librerianorte.com.ar/9789871586196/Syl+%26+Ted/


TAPAS DE LOS DOS LIBROS DE CARMEN IRIONDO, PUBLICADOS POR HDJ 









CARMEN IRIONDO JUNTO A WALTER CASSARA Y SANDRO BARRELLA, DURANTE LA PRESENTACIÓN EN BUENOS AIRES DE LLAMANDO AL PICAFLOR POR SU NOMBRE DE PILA

1 comentario:

  1. Me enamora esta autora.
    Tiene además de belleza personal por lo menos dos maravillosos libros: "Memorias de una niña rehén" y "Prosas de dormida" que valen la pena. (editados en otras editoriales (lo lamento Walter))
    Recomiendo buscar para zambullirse en una vida interesantísima.

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Huesos de jibia