31 de mayo de 2012

AUTORES: Violeta Canggianelli, su nombre de flor en esta historia

Violeta Canggianelli publicó con HDJ El hotel de la danza, en 2008.

Recordando este libro, Nico Castro, ha escrito la siguiente reseña:



Los poemas que encontré en este libro, sutiles, suaves, húmedos, febriles, sensibles. Llenos de otoño fresco, o de verano que no se va, de lágrimas contenidas en frasco de colores, llenos de diversas herramientas que perduran y van más allá del poema mismo.
La suavidad de la danza, la soledad de un hotel, el viaje perenne, el permanente envolver de sentimientos expuestos en versos cortos. Contrastes de colores, de escenarios, esperanzas malheridas.
Cuando los poemas se  alargan y comienzan a contar historias detrás de las palabras, estos poemas toman una fuerza insospechada, que crece con cada lectura.
Dije otoño antes, y dije verano que no se va, porque hay acá cierta melancolía que no termina y solo  puede vivir en otoño  en un hotel. Es lo que exprimo de estos poemas al leerlos.
Leídos en subte, bajo un árbol,  en una oficina administrativa, al sol, en una playa o plaza, en un bar sin extranjeros, o siendo extranjero dónde uno esté y de dónde uno sea.
Sea donde sea,  la espontanea felicidad con la que aparentan estar escritos estos poemas sospecho esconden algo.
Como dice Octavio Paz, uno busca algo, al leer un poema  y no sería extraño encontrarlo, ya que seguro estaba ahí.
En estos poemas de iniciación, de deslumbre, de enamoramiento, de luces tenues, poemas de una chica alta, de sonrisa espléndida, ropa sin planchar. Si buscamos a la autora, está en estos poemas, sin dudas.
Poemas auténticos, reales y sinceros. Lo importante en la poesía es que trascienda, y eso está en marcha en este hotel.

Nico Castro


Para esta nueva etapa del blog le pedimos a Violeta, como ya hicimos anteriormente con otros autores, que nos brindara algo inédito.
El resultado es una serie de textos agrupados bajo el nombre de "Ensoñación primera", y que, según nos cuenta, es aquello en lo que está trabajando últimamente:

Ensoñación primera
El despertador sonó y a mí me faltó dormir. Me levanté y sentí que no había dormido nada, como si recién me hubiera acostado. Casi como un octosílabo, el despertador sonó y a mí ya me avisaba el cuerpo del profundo olvido. Y pensar que él también pensaba lo nuestro como un mutuo placer, decidido y hasta saludable.


¿O les faltó esa noche a todos?

Al momento de dormir me lo quitó alguien, o en la noche sucedió algo lunar y será que todos estábamos igual, que nos faltó algo. Se había cancelado la noche y todavía yo no estaba despabilada. Las agujas de mi reloj de arena no habían sido alertadas.

¿Si hubo un rompimiento en la tierra y ese mismo sismo se comió mi noche? Las réplicas del terremoto de la isla de pascua tampoco me pasaron desapercibidas. Eran sus moles de fuerza en el fondo del océano y tampoco ellas nos hablan.

Que dios hubiese resucitado o estuviese en coma, era igual. La figura negra flotando en el cubo habló más que mi cuarto. La pequeña pecera como relato de esos pequeños calvarios. La espera con el sonido de la pecera en mi llanto. Con las pestañas impregnadas de tanta noche y sin las uñas pintadas. Todo mi cuerpo pegado a la ausencia de hambre, con mi mano dormida aplastada en tu almohada.

No me creíste el perdón de la entrada. Entraste dormido y quedó la rama del alerce quebrado.

La lluvia sigue nombrándote como a ese humano común con su forma de empezar la mañana, sin dejar de abrir el diario o un libro, para no pensar ni dialogar demasiado.

Y ¿A quién le importa mi nombre de flor en esta historia, mi lucha contra el mal como la etapa previa a mi búsqueda de los grises y de lo que se puede, más allá de lo que se quiere? Buscar el opuesto complementario había sido lo más obvio.


Flor del interior marchita

Manchas interiores de puro dolor anaranjado e intermitente con sus bordes desdibujados pero siempre ahí: al borde, en el borde y al costado del costado. A un tiempo alejado del bosque.

Es como un desierto de almas que florecen. Todo es igual menos mi miedo dentro de ese capullo opresivo y oscuro. No hay trascendencia en un desierto que crece.

No quiero repetir el ir caminando por la arena movediza y quedar de nuevo atrapada hasta el cuello. Quedar ahí. No quiero algo de confort a expensas de mi naturaleza violenta. Todas las veces vuelvo y me pregunto -¿Quién lo dice? Que como verdad anónima no me cierra ni me alcanza para subir a la superficie y respirar algo que quede vivo.

“A veces un corte se vuelve necesario y hasta inevitable” me dijo, pero ese corte no sucedió para que termine ahí, sino que se produjo sin conciencia de sí ni de mí. Pérdida anónima.

Viajar un tiempo y no ver nada. Que algo transforme mi único lema en otro. Y que la correspondencia con los otros no sea más malestar en mi presente aireado.

“El rumbo más pobre en donde nada funciona es como dios que no está” -recordé. El subdesarrollo de mi conciencia me dice: simplemente no está. Es como seguir marchando.

(…)

ALGUNOS ENLACES RELACIONADOS:

Blog de la autora: http://elhoteldeladanza.blogspot.com.es/
Canggianelli en Pájaros Locos: http://pajaroslocos.blogspot.com.es/2010/08/violeta-canggianelli.html

Dónde comprar El hotel de la danza:
http://www.librerianorte.com.ar/resultados.aspx?c=VIOLETA+CANGGIANELLI&por=AutorEstricto&aut=9281&orden=fecha


VIOLETA CANGGIANELLI EN PLENA LECTURA

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