30 de julio de 2012

AUTORES: Javier Foguet, hablándonos al oído


Esta semana convocamos a Javier Foguet y como resultado nos encontramos con esta interesantísima serie de poemas inéditos que, aunque aún no llevan título en común, perfectamente podrían llamarse "Al oído", como él mismo propuso.


Foguet publicó en HDJ su libro El humor de la luz, en 2009.



Al oído

Hay, sobre lo real, una costra
que las palabras no logran
disolver.
Ahora lo sé. No hubiera podido
decirlo antes.
Pero las palabras
no deben endurecerse
o fingir una luz
más líquida que la miel
que siempre ha dado cuerpo
a tu voz.
Las palabras toman su cuerpo
de tu cuerpo:
coraje, mi amor,
toma el cuerpo de tus ojos.
Es la ley de la poesía
que quiebra toda ley de lenguaje.


                                               a María Josefina Sánchez




La caravana

Despierto petrificado:
día visto desde hospital
de tuberculosos.
Desde una jaula de osos.
Cierro los ojos.
Despierto en una escalera
pulida como calavera
por las suelas de la historia.
Cierro los ojos.
Despierto a kilómetros en un globo:
el planeta
del olor de los árboles.
Los cometas.
Cierro los ojos.
Despierto a la orilla del bosque:
un cachorro va a mi encuentro
a toda velocidad.
Es la pura verdad.
Abro los ojos.



E. S.

Siempre noticias clementes traes,
tus cartas son translúcidas
como la cáscara de los grillos,
un torbellino invisible
si no hubiera pinos
a lo largo de la playa.
Hoy tu cargamento es: tesoros
junto a naves negras,
amarillas,
amarradas a palos de memoria.
¿No sales a saludar o desde muy lejos?
Cuánto más te perdemos…
es que tu música nos ha traspasado
o nos traspasará.




a la memoria de Juan Lanosa

Explico a mi madre la foto
de desconocido que creció
junto a los libros.
Le dije: su nombre
hecho con palos mojados
tiene un sonido humilde
a mis oídos. Escúchalo.
La biblioteca es de su edad,
los lomos cuarteados
le recuerdan frentes
de casas conocidas.
En cuanto a Pentecostés
salvado del diluvio
y el advenimiento
del fuego: yo soy la arena.
Ahora son mi responsabilidad.
Porque es la juventud de mi padre,
tu esposo.
Porque murió joven.
(¿Temes la ligereza,
nubes sobre tu hijo, madre?)
Las nubes
son naves,
y montañas se levantan en el mar.



Reciba, madre mía, esta relación,
mi diseño del pico y el cráneo
de los pelícanos
que comen de las olas
metálicas al sol, gruesas como caldo:
acéptela y no pregunte por mis uñas…
Días enteros estuvo la tribu
flotando contra las rocas
a la espera de una agitación del mar…
Hasta que la inspiración llegó hoy:
hilera tras hilera de material
para hender la obra
de cada cual.
Las olas se espigaban
en dirección al sol,
aunque esto es cierto
toda vez que bajamos tarde
el camino de la playa.
(De mañana conservan
la turbidez lunar
de la base del mar.)
Yo sin embargo, donde las olas concluyen
pienso en dejarme
flotar, bajar en el puerto
a comprar frutas 
o a esperar la tormenta
que unas brisas anunciaron:
las brisas sin sonido
son las olas sin sonido
de la atmósfera.
Madre, mire desde aquí el mar,
mucho más lejano, inmóvil y pacífico.
Como si ya le hubiera escrito. 



Al volver a casa me aventuré
tras una tormenta eléctrica en retirada.
Buscaba el poema del futuro…
Los árboles habían perdido sus escamas,
la luz de la calle se había “ido”
de modo que avanzaba en ochos
por una tierra oscura y revuelta.
Todavía me alcanzó 
una batería de la retaguardia.
Luego, kilómetros adelante
crucé a mi hermano
en dirección opuesta,
sonreía a sus pies.
Lo saludé con un grito
pero ni siquiera alzó los ojos:
la tormenta lo abstraía
hasta no retener nada
de este mundo…¡mi hermano!
Era el poema del futuro.


JAVIER FOGUET


ENLACES DE INTERÉS 

Algunos poemas de El humor de la luz en el blog de Osvaldo Bossi:
Otros poemas suyos en Hablar de poesía:  
Foguet en Las elecciones afectivas: 

Dónde comprar El humor de la luz

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