12 de septiembre de 2012

AUTORES: Laura A. Arnés, mujer en estampida






A dos días de la presentación en Buenos Aires de Manzana fue (Huesos de jibia, 2011), damos a conocer a Laura A. Arnés, con textos que forman parte de este libro y también con otros poemas inéditos que la autora nos ofreció para esta ocasión.











De Manzana fue:
el fruto con siglos de historia detona en pregunta. en los labios la lengua y la piel agitada. la mirada congela el hueco en el tiempo: poseer o ceder. los sonidos detenidos 
y la sonrisa se exaspera en mueca. el deseo es mas fuerte, la pérdida segura. la pregunta atomizada en el aire se disuelve imprudente. el fruto brilla dorado, 
pulverizado en el viento. la mano se estira. la mano cae. la mano invita al cuerpo equivocado. demasiado fácil la palabra jugosa, mientras, la respuesta condena en ojos ajenos.


fue cerrar los ojos y cruzar la noche. los siglos. desaparecer en el instante donde todo cambia. eva sin nombre hablando. fruta madura y lengua. el otro escupiendo su nombre
entre los dientes. víbora sibilante. su lengua. sibilina. veneno con el que su cuerpo fue bañado. en una orilla la muerte, en la otra, la ilegalidad como sonrisa. momento originario. 
gotas cayendo en la pira bautismal, y el aullido. la boca abierta destilando las voces calladas que la atan, que la hablan. mientras, paladar y lengua pronuncian lo prohibido. 
la noche estallada en su propio parto. fue cerrar los ojos. tejido de siglos desmembrado en un instante. y se escucha el grito y la palabra. y el grito, vistiendo al cuerpo 
por primera vez desnudo.


sola en la prehistórica noche. resuena el negro en cada paso que traza. después, la luz cruza su cuerpo como cicatriz. y el deseo. no hay miradas que guíen. se deshace de la tela roja:
también ella se convierte en lobo. el frío se metamorfosea en humedad, la respiración en gruñido. el hielo de boca en boca, como el beso. como el frío. tiembla. disfruta de lo prohibido. 
toca una humedad espesa, y un dedo que roba el grito. sabe, recuerda, que no hay cuento sin pérdida. cae, se duerme, en el calor del límite.


contame un cuento, mamá. uno con luciérnagas panzonas como faroles, con hadas. de esos que parecen música o pintura. contameló, papá. aunque me esconda entre las sábanas, escucho. digo siento, mamá. lo siento. una se pone los zapatitos rojos y baila. baila. (bailan mis ojos, mis manos). contame cómo le cortan los pies, y a pinocho la nariz. pero ese cuento no es para nenas, papá. da vuelta la página, mojá el dedo en
saliva. contameló, mamá. ese en el que el zapatito se pierde. el de cristal, mamá, el que no baila. y también el de la otra. esa que se quedó con su zapatito y su capa, pero se la engulló el lobo. leemeló, papá. leeme mientras como el fruto acaramelado. (la lengua en el labio, en la mano). la nena en el bosque mordiéndolo, atragantándose. después durmió, como la tejedora. ¿me das un beso, mamá? de buenas noches, de buenos días. pero acordate, hubo otra antes y una serpiente lengua larga. mucho después clavó los dientes en la que hablaba con el espejo. qué miedo, papá. pero no, no pares, mamá. a mí me gusta escuchar historias, palabras. quedate, contame un cuento. otro. no te vayas, papá, decime. cómo sigue, papá. ¿mamá? cómo se escribe.



Inéditos:
Past the apple orchard 
“Now no one can call you bad” Tori Amos

corre. mujer en estampida, en retirada. corre con el polvo en los ojos, con el grito en las manos. la fruta y el bosque, ya perdidos. un cuento, quizás, un sueño. y bajo las hojas,
las huellas húmedas -las suyas- se apagan como un eco. zurce entre sus párpados visiones de agua  y corre. se crispan los  árboles, los cadáveres brotan. las ramas -las palabras- 
zumban a sus espaldas. y la lluvia. la lluvia sigue ahí. verdosa, inmóvil.

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(sin título)

se rompe. se hincha. estómago, intestino delgado, intestino grueso, recto: masa compacta e inflamada. la respiración es corta y el pecho se agita. el pie patina. su cuerpo se desploma y la voz es un grito. astilla que se clava en todos nosotros que somos, según lo que ella necesite, manos o piernas u oídos. los cuerpos no son juncos.

una línea dorada atraviesa el abdomen en sentido vertical. donde termina se palpa un bulto. como un quinoto chiquito. un golpe de sangre se desparrama a su izquierda. hacia abajo, restos de otra cicatriz sobresalen horizontales. no ceden terreno. mientras, el vacío incita a lo que no existía. ya no hay útero ni ovarios; el hígado, reducido al tamaño de una moneda, hilvana los párpados y el intestino seccionado, atravesado por hilos y nudos. como de marinero.

LAURA A. ARNÉS


ENLACES RELACIONADOS

Laura Arnés en Las afinidades electivas:
Algunos poemas suyos en la web:  



Este viernes 14 de septiembre a las 19 hs, Laura Arnés presenta su libro en Oveja Descarriada! (Aráoz 1047 C.A.B.A.)


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Huesos de jibia