22 de noviembre de 2012

RESEÑAS: "Fin de gira" en Hablar de poesía

En la web de Hablar de poesía (http://hablardepoesia.com.ar/), muchas de las reseñas y notas publicadas a lo largo de la historia de la revista pueden leerse on line.

Pero no es el caso de la reseña de Fin de gira  de Laura Gómez Palma (HDJ, 2011), que ha sido escrita por Cecilia Romana, y publicada en el último número. Por lo tanto, decidimos copiarla a continuación:

 
El punto de partida es el final


Laura Gómez Palma: Fin de gira
Huesos de jibia






Mudarse es toda una cuestión. Mover la vida de un lugar a otro, desplazar, más bien, el eje vital a otro sitio, trae añoranzas, tristezas, ansiedades y la visión repentina de un abanico de posibilidades. Mudarse es, en general, darle fin a algo; en particular, empezar de cero. Pero ya sea para una cosa o para la otra, es condición de todo traslado, el prepararse, acostumbrar el cuerpo al agua caliente de la bañera nueva, ejercitar los ojos en la claridad de las ventanas recién abiertas.
Para Laura Gómez Palma, una argentina nacida en 1970 que reside desde el 97 en España, el movimiento es puntapié para la especulación acerca de las certezas y el tiempo. Su libro, publicado en Buenos Aires, tiene tres partes: “La puerta”, “Mil velas” y “Fin de gira”, sección que le da nombre al volumen. Los poemas son breves, una especie de pincelada descriptiva donde, de vez en cuando, aparece la minúscula chispa de la reflexión. Gómez Palma no le pide peras al olmo. En la simpleza de cada línea deja percibir una falta total de jactancia, un objetivo que se cumple para ella mediante la poda del verso, la limpieza desmesurada que tira al tacho de basura los signos de puntuación y las mayúsculas, pero con tino o, más bien, con cursivas, remarca las palabras que no le pertenecen en un acto de justicia hacia el bueno de Macedonio Fernández.
El poema que abre el libro termina con dos líneas que podrían resumir el volumen completo: “(ordenando la ficción / no hay océano más cierto)”. El agua, que separa y, al mismo tiempo, delimita, aparece como única certeza. A este elemento, la poeta le emparienta el posible orden de la ficción, de lo que ha pergeñado en su mente a causa de la cercanía de un cambio. Ve lo que quedó atrás; lo que le espera. Busca el pilote donde hacer pie. En el segundo poema, se queja por lo que le ha tocado: “esta copa harta de ser / vaciada”, y, en el tercero, se hace preguntas en un ambiente de ensoñación:
ella tropezó y cayendo
aún contaba estrellas
milagro silente
¿qué hay en la luz?
¿quién irrumpe
en este sueño antiguo?
                                 (de III)
      Los trazos de Gómez Palma bosquejan el perfil de una casa antigua, una vida en desuso y, reiteradamente, un piano: “como si alguien / pudiese grabar su nombre / tocar este piano / y saber el libro / que leeré mañana”. Sus anclas son pocas. La espontaneidad domina el poema.
Más adelante, en la segunda parte, las disquisiciones se hacen puntuales. Hay referencia a días, años: “nadie morirá por exceso de luz / tres o cuatro horas / tres o cuatro años y sabré / tocar el piano / esquivar metáforas”. Por primera vez la poeta habla del quehacer artístico, de lo que muta con ella junto con el devenir del tiempo cronológico que, evidentemente, la empuja a un sitio distinto del actual.
Ya llegará la sección final, aquella que nombra el libro en su conjunto, para describir la despedida mediante la visión de una tarde: “como en una vieja canción me alejo”; “hormigas y azucenas la siesta posible / no son más que claros y oscuros / reflejos de una tarde y su final”. En el alejamiento se mezclan los recuerdos y la conciencia del presente como en una toma instantánea del momento.
Gómez Palma habla desde los sentimientos encontrados: por un lado, la quietud descriptiva de lo que se abandona; por el otro, la verbalización de un recuerdo activo, que vuelve y consulta; finalmente, las inquietudes que nacen de la cercanía ineludible de un viaje, itinerario que nunca sabremos hacia dónde lleva o trae.
Es una poesía de perfiles incompletos, como si de eso dependiera el efecto que se busca: la vivencia de lo inacabado como posibilidad de encuentro entre tres planos, pasado, presente y lo venidero. Con la excusa de una mudanza que se da tanto en el cuerpo como en el alma, la poeta acciona un mecanismo breve de detalles que dejan abierta la puerta hacia algo mayor.
Fin de gira es, en definitiva, el punto de partida de un relato más amplio que, furtivo, se puede atisbar en la parte final del libro.
Cecilia Romana

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