6 de agosto de 2013

RESEÑAS: "Escorial" de Gabriel Gómez Saavedra, en el suplemento cultural del diario El Ancasti

"Escorial": la mirada indirecta sobre el mundo






El 28 de junio pasado fue presentado en Tucumán el libro de poemas “Escorial”, de Gabriel Gómez Saavedra, integrante de Suma. El crítico Fabián Soberón analizó la obra y encontró aspectos que fundan una nueva poética, como ser la fusión de la mirada del “observador melancólico” y la “extraviada del vanguardista”.


Berni en los suburbios


Por Fabián Soberón

La pregunta por el sentido de la poesía recorre las líneas ubicuas del orbe y se inicia en los albores del mundo. Esa pregunta tiene respuestas múltiples y todo poeta es proclive a planteársela bajo la forma de un poema. Todo poeta escribe su arte poética y lo hace casi siempre de manera explícita. Una de las virtudes del primer libro de Gabriel Gómez Saavedra es que escribe su arte poética sin escribir un poema sobre este asunto y sin cantar a los cuatro vientos que ha encontrado su "tono", su música furiosa o calma en las amplias arenas del oficio.
En ese sentido, su libro no es ni ampuloso ni pretencioso. Hay un tono sereno y honesto que recorre sus líneas. A la vez, “Escorial” contiene un modo indirecto de mirar el mundo. Lo barroco no está en la forma o en el verso sino, quizás, en el punto de vista, en la lupa indirecta para encarar lo cotidiano. Esa mirada distorsionada y precisa acaricia los versos y convierte al libro en un proyecto, al menos, inusual.
El Escorial es el nombre de un municipio español. Pero también es un conjunto de escoria o de basura. Esa materia inmunda, la basura como forma del desperdicio, es el tesoro o la música de fondo que suena como bajo continuo en los poemas de Gómez Saavedra.
Gómez Saavedra expurga la materia de la palabra y busca, en esa calculada investigación, un modo de entender el mundo y la poesía. A Gómez Saavedra no le interesa ni la tradición ni la pura y mera innovación. Le interesan ambas. Toma del pasado lo que le sirve y escribe poemas que remiten, lejanamente, a las búsquedas populares de la canción. Toma de las innovaciones vanguardistas la ruptura sintáctica y rítmica y construye con eso una manera quebradiza de escandir los versos. Obtiene con esa operación las líneas abstractas de una música muda.
“Escorial” es un poemario atípico que alcanza su forma en un cruce acertado. Fusiona dos estéticas, dos maneras de encarar el mundo: la milimétrica mirada del observador melancólico y la mirada extraviada y distorsionada del vanguardista. En ese cruce inusual, se abre “Escorial”.
Gabriel Gómez Saavedra ha pergeñado un libro extraño en las letras provinciales: no sólo escapa al canto pop de la sirena noventista, sino que abre una puerta a una combinación oportuna y precisa. El libro yuxtapone la amable forma de lo cotidiano y la abstracción rupturista. Lo vivido es visto con la lupa quebrada de la lengua y la tradición es atemperada desde la clave de la ruptura.
El libro escapa a los dictámenes de la moda, de las capillas -o casillas- literarias. Sigue un camino que tiene antecedentes en Groppa, Sylvester y Castilla y que reinaugura con temprano sello personal. Con el pan sanguchero de la Avellaneda tocado por un verbo sincopado, con la rutina del ingenio azucarero vista desde la sintaxis del experimento, Gómez Saavedra arma un rítmico mundo verbal.
Este es el primer libro de Gabriel Gómez Saavedra. No lo parece. Dueño de un tono indirecto y voraz, recorre las experiencias rurales y citadinas en la penumbra de la vanguardia, con la rara linterna de la modernidad.
Leer “Escorial” es respirar aire fresco y, a la vez, escuchar la música nocturna de Antonio Berni en los suburbios tucumanos.
Decir de un primer libro que no parece el primero es muy bueno. Pero mejor es decir esto y a la vez que genera enormes expectativas sobre la poesía futura. Este es el caso de "Escorial".



Ilustración de Viviana Rivadeo Monteros.


UNA YEGUA 

Con el esqueleto adelantado
y la pata atascada
está.

La yegua
convocando a la última línea del aire
comienza a parir.
Nosotros
hábiles en posterizar
el caníbal del presente
le apuntamos
con las cámaras de los celulares.

Las sombras de las moscas
sudan
carro arriba
el único círculo de fiel arrimada.
La naturaleza
descabezada
ha reproducido lo suyo
y puebla el ecosistema
del desamparo.



HOMBRE CON ESQUINA

a Juan M. Gramajo

Si esta esquina
no estuviera clavada
al hombre de la silla de ruedas,
sería otra oquedad
y las sombras de los tiempos
andarían sus vaciaderos
sin que nadie las contenga.

De sustracción a sustracción
la retina del hombre
ubica
entre los pocos niños que juegan contra el invierno
a aquellos días –con todas sus noches-
donde la sangre le anunciaba el fuego
la hora de salir a presentarle
la razón atragantada
la estrella germinada con cinco puntas rojas.

Hombre y esquina,
como dentro de niños,
vibran irreparables.
La mirada
prófuga
se posa luego
en el hueco perdiendo hijos
que son los restos del ingenio azucarero.
Para amansarla,
deberá ser hundida
en el azul cercano de los cerros
que, limpia,
hace respirar la mañana.

…Antes del mediodía
verá llegar a su perro
a olfatear la sombra de las piernas
que le arrastró la diabetes.



Gabriel Gómez Saavedra (Concepción, Tucumán, 1980).


Esta reseña fue publicada este domingo pasado en la versión en papel de dicho diario.

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