6 de mayo de 2015

RESEÑAS: "La resistencia de la luna" de Carolina Giollo en el blog Solo Tempestad


Reseña #39- Luna elástica   Recently updated !


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                                La luna no tiene nada por lo que entristecerse
                                                                                             mirando desde su capucha de hueso
                                                                                Ella está acostumbrada a ese tipo de cosas
                                                                                              Sus negros crepitan y se arrastran.
                                                                                                                                                                                 Sylvia Plath
Por Flor Codagnone
La resistencia de la luna, el primer poemario de Carolina Giollo, su ópera prima, tiene un decir profundamente musical. Lo que se escucha en esos poemas es un andar, un ritmo, una música. La de un camino. El yo poético empieza en sincronía con lo animal: es perro, es gato egipcio, es hermano de las cucarachas, es anfibio. Se transforma y se mimetiza con ellos. Sin embargo, a medida que avanza sale de su cueva, del bosque, deviene. Va de lo salvaje (lo demasiado humano) a lo otro-animal y empieza a transitar un escenario distinto, más urbano, de otras luces, habitado por otros dolores y otra sangre.
Se escucha también un amuleto y algo que eriza, que suena tremendo, que convoca, que trae a sus fantasmas, a sus muertos. Si algo sabe hacer Carolina en este libro es transformar la pérdida, el desamor, la muerte, la memoria de los muertos en un lenguaje, en una letra, en una música que da vida. Basta con leer los versos de ese encarnado y descarnado poema que es «Rezo».
La poesía de Carolina, en efecto, se hace carne, piel, escama. Está profundamente atravesada por los afectos. Por eso puede hacerse cuerpo. Atravesada por lo familiar y por lo extraño y por algo, en el medio, desencajado, ominoso, abyecto. Atravesada por lo onírico y por una familia de hermanos, de abuelos. Por los pequeños detalles que trae el recuerdo: una esquina, un tejado, un mantel, las vías abandonadas del ferrocarril, una higuera…
Y esa criatura que es el yo poético camina siempre en compañía de la luna. Ésta aparece, sólo por nombrar algunos ejemplos, en los tres poemas largos que funcionan como pilares–“Las tormentas nómades”, “Cinco lunas” y “Ciudad de luz”– y, además, en “Humano demasiado humano”, que abre el libro.
En estos poemas, la luna es algo interno y externo, una especie de chamán que guía y que cura y que puede atravesar esos escenarios que aparecen constantes: lo diurno y lo onírico, lo humano y lo salvaje, la fe y la razón y la vida y la muerte. La luna de Carolina es azul y supone también muchas otras lunas: hay en eso un profundo símbolo de la hermandad.
Es también la luna de un yo poético femenino, atributo e imagen de la feminidad. Si bien la poesía que se presenta en este libro no podría encasillarse dentro de la tradición de las poéticas feministas más crudas y explícitas, hay algo de lo profundamente femenino. Algo de la naturaleza y, en particular, de esta luna, sienta una posición muy concreta. Se trata de una luna que resiste. Quizás quepa preguntarse a qué. A priori se resiste a doblegarse ante a una lengua que ha sido impuesta, que es de otro y que hiere. Una lengua materna, algo masculina, que, a partir de lo poético, puede bifurcarse, como la lengua de una serpiente. Una lengua que puede salirse de la lengua, que puede soñarse lengua. Que es un refugio áspero, pero refugio al fin. Una lengua, que da pelea.
De seguro, los lectores encontrarán en esa resistencia algo propio, algo que libera, que abraza. Es que Carolina ha sido profundamente generosa con su libro y estos poemas, estoy segura, lo serán con ella. A mí, como lectora, sólo me queda agradecerle por dejarme escuchar su texto, su música, y por permitirme el abrazo de su poesía.
La resistencia de la luna
Autor: Carolina Giollo
Editorial: Huesos de Jibia

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