4 de abril de 2017

LECTURAS/PRESENTACIONES: "La calle del silencio" de Patricia Cuaranta

Patricia Cuaranta, luego de presentar su nuevo libro La calle del silencio (Colección La falena -otras narrativas-, 2017) en Buenos Aires, Santa Fe y Rosario -ciudad en la que reside-, lo ha presentado en Reconquista, su ciudad natal, acompañada por el poeta Diego Planisich.
Compartimos la nota de prensa local que transcribe dicha presentación:

La Calle del Silencio, de Patricia Cuaranta

*Por Diego Planisich
Entro a la calle del silencio, como quien entra a andar por una calle sola, sin habitantes a la vista, sin resabios de lo que allí ha pasado. Pero ni bien se van sumando los pasos, el paisaje cambia, como si fuéramos encendiendo las luces de un largo corredor.

“Calle soñada por mí: me desoñás perfectamente”, escribió Gelman allá por 1980, en su libro Bajo la lluvia ajena. De la misma manera, Patricia nos induce a tomar esta calle, estas páginas, desoñando perfectamente lo que muchos creen que ni siquiera pasó.
“(…) Dejo atrás las hojas secas de la calle vieja / y te miro trazar el nuevo surco de la vida. /A la distancia nos vemos / apenas somos cansadas voces que nos hablan al oído…”. Estos son algunos versos del poema con el que nos recibe la autora. Y bien que podemos sentirnos bienvenidos al leer estas líneas, porque la poeta nos invita a ir hacia adelante sin dejar atrás lo vivido, recorriendo como fonambulistas esta cuerda tensa que es nuestra historia argentina y latinoamericana.
No es fácil poner palabras a lo que hemos vivido, a lo que han vivido nuestros familiares, compañeros y amigos: “Cuando estuvimos desesperados, alguien contó la historia. / No se la puede escuchar serenamente, tiemblan / las manos, el corazón se encoge de dolor; / da un poco de miedo mirar a la gente, detenerse.”, dice Paco, Francisco Paco Urondo, en su poema Del otro lado. Y Patricia que nos toma de la mano con su prosa, nos lleva a caminar y nos cuenta y nos dice de ese dolor, del amor y del compromiso:
“No te dije que te amaba.
No entendiste.
Cuando te empujé del auto en pleno campo no pretendía que comprendieras la naturaleza exuberante de los climas tropicales.
Apenas intenté darte de beber una de tus farsas constantes.
Pero la noche es piadosa. Te tragó obscura y fría, como el último escarabajo de la muerte, en el traspié final de su tarea visceral, comiéndose tu risa.”
Esta obra está atravesada, claramente, por una línea que lo toca todo. Y lo toca todo porque el amor también está, ineludiblemente, en la poesía de Cuaranta. A nada de lo que aquí podamos leer le falta amor. Y esto lo creo así porque nada puede construirse de manera profunda sin amor, como ha sido construido este poemario, donde las imágenes nos dan una vuelta por la historia, y por sobre todo, las imágenes poéticas que nos deja aquí la autora, realzadas con esos personajes tal vez verdaderos, tal vez ficticios, pero que nos hace sentirlos cercanos.
“Voy a contarles la historia de un amor del monte, un amor exagerado y abrazador como el calor del verano norteño, el de Tranquila Ruh y Pedro Libera. No sucedió con la llegada de ningún barco, aconteció lejana, rodeada de aromitos en flor. El paisaje agreste y salvaje de la zona cobijó displicente el nacimiento de este amor. Los arrebatos de Tranquila Ruh habían traspasado las esferas íntimas de la casa; no sólo conducía jardineras, sulkys y bicicletas, sino que se atrevía a gritar sus amoríos a los cuatro vientos (…)”
Este es un libro que ha sido construido con historias, a través de la sensibilidad poética de una escritora que no deja y no dejará de alumbrarnos. Alguna vez Eduardo Galeano dijo que estamos hechos de historias. Así mismo, Patricia Cuaranta, nos construye inmediatamente en el pasar de las páginas de La calle del silencio.
En Balada de los lugares olvidados, Olga Orozco comienza diciendo: “Mis refugios más bellos, / los lugares que se adaptan mejor a los colores últimos de mi alma, / están hechos de todo lo que los otros olvidaron.” Y de igual manera, Gabo Ferro, en una de sus canciones dice: “Soy todo lo que recuerdo / vos sos todo lo que has olvidado.”
Señoras, Señores, cada uno de los presentes, no estoy errado al creer que Patricia, con esta obra, ha venido, como dije antes, a construirnos un poco.

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